Wooooooo! Me respondieron en The Toilttesdesign y me han pedido suba unas imágenes para ver mi trabajo. Veámos qué sucede.
El Despacho
Hace algunos meses una buena amiga me pasó el link donde se convocaba tanto a artistas visuales como personajes provenientes de X disciplina a realizar una propuesta para un video documental, por parte de… no estoy seguro pero he de llamar colectivo, con el nombre de El Despacho. El tema es ‘Desayuno en México, comida en Holanda y cena en Marruecos’, lo cual me pareció y me sigue pareciendo interesante; por lo que decidí participar. Entonces, hice mi entrega de propuesta y demás requisitos el día cierre de la convocatoria. Pasaron un par de semanas ya, y hace unas horas que vi mi correo, me encuentro con el mail del chico que me recibió aquel día, diciendo que unas personas en el extranjero querían ver mi trabajo. Por tal motivo, posteo acá abajo la propuesta que tengo para dicho proyecto, así como uno que otro video mal comprimido con la finalidad de convencerlos.
Propuesta para un video documental, experimental.
‘Dieta mediática’
Argumento:
Resulta imposible estar aislado del bombardeo mediático que yace en el entorno. Es inevitable recibir mensajes diariamente, aun cuando no son del interés personal. Nos guste o no, los medios masivos de comunicación han sido, desde un tiempo, nuestro pan de cada día.
Hipótesis:
Especulo que un buen porcentaje de la población, al menos en un país subdesarrollado como México, se sienta a la mesa en compañía de algún medio “informático”, llámese periódico, radio ó televisión. En este sentido, los individuos no sólo llevan alimento a su estómago, sino que también lo llevan al cerebro. Y así como un alimento ingerido puede provocar un daño estomacal, un mensaje captado, consciente o inconscientemente, puede destruir poco a poco la cabeza.
Justificación:
Partiendo de que el tema propuesto por el proyecto posee una doble carga de significado –según mi percepción viciada por la disciplina que me compete-, será sumamente curioso e interesante documentar esa exposición mediática bajo la cual ingiere sus alimentos la gente de los distintos países involucrados en dicho proyecto. ¿Qué ven los mexicanos mientras almuerzan? ¿Qué lee un holandés cuando come? ¿Qué escucha un marroquí mientras merienda?
Hace un par de años que hice este cortometraje junto con el collektivo del cual tengo el privilegio de formar parte. La pésima calidad en el audio y video se debe a la compresión (supongo).
Autorretrato
por Tadeo magg
I. Clase #13
10/06/09
Hacía ya mucho tiempo que no me confesaba. Solía hacerlo cuando era un mocoso que creía en el infierno, el pecado y el castigo eterno del alma. Ahora, en la clase de Neli y Christine, se extendieron los 10 minutos de descanso para que, quienes quisieran, entraran uno por uno al confesionario donde las dos extranjeras, maestras, y ahora madres superioras, escucharon nuestros futuros y posibles pecados a realizar para la intervención que cada uno le hará a su víctima (consultar el post titulado I. Clase #12). Me pidieron que hiciera a un lado la idea de la gasolina y el fuego, sobre todo cuando Tania se hallase dormida (jajajaja, qué lástima) y me recomendaron que pensara más a detalle el plan B, el cual no pretendo denunciar en este post; para que sea sopresa.
Por otro lado, y durante la clase, ambas catedráticas hicieron comentarios que yo recopilé en unas cuantas líneas:
“La identidad es relativa. Estamos en movimiento permanente(…) No hay totalidades” -Neli & Christine
I.U. Clase #13
08/06/09
Llegó la hora de presentar la intervención que cada equipo llevaría a cabo en La Zona, como proyecto final del taller. Todos esperábamos con ansias y con algo de nerviosismo. El primero en exponer fue Francisco, quien habló algo sobre espejos y stickers. Al término de su presentación, fue bombardeado de preguntas y sugerencias, las cuales -creo yo- enriquecieron su propuesta. El segundo equipo fue el de Luisa, Dan, Raúl y Gisela, quienes proponían armar un tremendo pachangón en plena plaza. La idea era buena y sonaba antojadiza, pero creo que les faltó lo más difícil: fundamentarla. El tercer equipo, con un tremendo plan, proponía hacer un registro sonoro de todo lo que ocurre en la plaza (bicis, autos, voces, melodías, sonidos de animales, etc., etc.) y emitirlo, porteriormente, bajo las amplificaciones que pueda proporcionar el equipo del DJ residente (el célebre vendedor de discos piratas que ambienta la plaza). Para finalizar aquella calurosa, agobiante, pesada, tediosa, polémica y, también, fructífera clase (todos esos calificativos emergen de la total subjetividad de quien escribe este texto, y no tienen por qué estar de acuerdo conmigo), llegaba el turno para que mi compañera Sandra, Francisco, y su servilleta (yo), expusiéramos nuestra idea, la cual consistía en realizar un happening donde una actriz, amiga de Sandra, representaría a una quinceañera en buca de su fiesta de XV años, con chambelanes, vestido -hecho de basura, por cierto-, misa -quizás-, música y todo el pedo. A unos les gustó, a otros no tanto, pero casi todos aportaron sugerencias, las cuales anotamos y agradecimos enormemente.
La próxima clase es la presentación final, la cual deberá estar pulida y lista para hornear. Chan cha ca chan… qué pasará??? No se pierda los últimos capítulos de ‘Imaginarios Urbanos. Una clase para locos, cuerdos y poetas insanos’.
I. Clase #12
Debido a que no pude asistir a la clase anterior, me mandaron por mail el ejercicio encomendado para la siguiente clase. La tarea, o misión (como prefiero llamarle), consistía en intervenir, o invadir (como también prefiero llamarle), el espacio y vida del otro, y hacer un registro de ello.
Mi víctima fue Tania, mientras que yo fui la de Diana. He aquí mi registro:
Registro de un lugar “alienado”
Parecía que volvería a llover y Tania[1] aún no llegaba. Quizás yo llegué un poco más temprano de lo estipulado o tal vez ella se arrepintió, a última hora, de verse con aquel extraño compañero de clase. Antes de bajar del automóvil, se transmitía un programa especial sobre la otrora estación de radio llamada Rock 101, recordando los viejos y buenos tiempos de la misma; así que decidí volver al vehículo y girar la llave para continuar escuchando. En cuanto terminó, sonaba Money en mi celular, de Pink Floyd (Tania al fin me daba una señal de vida). El texto decía algo así como: dónde estás? Supuse que observaba desde alguna ventana, en busca de un greñudo con apariencia de pordiosero rocanrolero, por lo que quité la llave y, en chinga, me dirigí a su puerta. Pero me di cuenta de que ella iba llegando con su novio. Nos saludamos y su galán partió.
Subimos a su apartamento. Mucho silencio y algo de cansancio, motivo por el cual le pregunté qué tan alto se hallaba el depa. Respondió que hasta arriba; en el cuarto piso. ¡Vaya! –Dije para mis adentros- menos mal que no son muchos.
Al entrar, lo primero que hizo fue presentarme a su pequeña fiera llamada Hobbs; un gatito cachorro, atigrado. Caí en cuenta de que era una buena anfitriona, pues en seguida me ofreció un vaso con agua.
Rápidamente me percaté de que la casa tenía algo de interesante, pese a que no cuenta con muchos muebles en la sala. Sobre la mesita de centro, percibí dos cabezas de unisel y plastilina; una extraña forma de arte. Rió un poco cuando le pregunté si ella las había hecho, y me explicó que fueron hechas por dos pequeños artistas de entre siete y ocho años, alumnos de su novio. Confesé que a mí ya me hubiera gustado poder hacer algo así. Hablamos un poco sobre los cuadros que colgaban en su sala, y me explicó que formaban parte de un proyecto que le encargó alguna institución artística, o algo por el estilo, para así pasar a su cuarto-estudio donde realiza sus trabajos. Allí, un cúmulo de manitas llamó mi atención. Era un proyecto que, según Tania, planeaba presentar para una exposición, pero ésta fue cancelada debido a causas mayores (o menores). De rato, me dijo que la casa no tenía mucha identidad, posiblemente porque tan sólo llevaba siete meses en ella y, además, pensaba mudarse dentro de poco.
Me hablaba un poco de su residencia en Alemania y su juego ejercitador para no olvidar lo poco o mucho que aprendió de aquel idioma, cuando de pronto entró por la puerta su novio; un tipo bien parecido. Seguimos hablando de pie un largo rato. Después, no sé cómo llegamos a la sala cuando ya tenía un tequila entre mis manos. Me encontré sumergido en una plática muy amena, entre artistas plásticos que de pronto comentaban cosas desconocidas para mí. Tania daba, como siempre, algunas referencias que yo anotaba en mi cuaderno. Finalmente, cuando el reloj apuntaba cerca de las 9:30, decidí partir, no sin antes meter en mi saco una diestra mano de cera que Tania me había regalado horas antes, y despedirme de ella y Erick, agradeciéndoles a ambos por su amabilidad y grata compañía. Por supuesto que Tania, como toda buena anfitriona, me acompañó hasta la salida del edificio, mientras se retractaba de haber mencionado una posible exageración sobre la falta de identidad que caracterizaba a su casa.
Es cierto, tal vez lo exageraba, pero también cabe la posibilidad de que, en el fondo, sienta una especie de vacío que le impide sentirse en casa.[1] Compañera de clase en el nodo Itinerancia, del diplomado Tránsitos
Para tener mucha imaginación hay que tener mucha memoria”
- José Ortega y Gasset
I.U. Clase 12
01/06/09
Llego un poco tarde a clase y veo a todos muy concentrados en sus dibujitos. Francisco, un compañero, me explica que hay que realizar: un mapa ciudad, mapa destinos, mapa densidad, mapa intensidad, mapa vialidad, mapa transporte, mapa delegacional, y no sé qué otra clase de mapa de la ciudad de México, según mi interpretación de cada uno. En un principio, me pareció una tarea muy fácil, pero una vez que tomé la pluma (no llevaba un maldito lápiz para errar y borrar) y la puse sobre la hoja en blanco, no supe qué hacer. Debo confesar que me vi inmovilizado, como un pequeño de dos o cuatro años que no entendía lo que le pedían. Descubrí cuán difícil es el adoptar una mirada cenital, sobre todo si nunca has visto un mapa de la ciudad.
Al cabo de unos minutos, todos llevamos nuestros mapas-garabatos al pizarrón, y me pareció sumamente vergonzoso el ver que hasta un extranjero, como mi compañero Mick, conocía la ciudad mejor que yo.
Al respecto, Ilana mencionó, a manera de consuelo, que posiblemente el extranjero, al llegar a un lugar desconocido, se haya en la necesidad de ubicarse y, por ende, de conseguir un mapa o plano del sitio. Suena coherente y reconfortante, pero admito que, aún así, no sabía con cuántas delegaciones y municipios cuenta el terreno que habito. En resumen, creo que debería “perderme” por esta enorme megalópolis, pues no cabe duda que existen tantas cosas que, como habitante, debería conocer.